2006 ¿QUIÉN ERES?. 10 minutos. HDV transferido a tarjeta SD. Sonido Dolby Digital.

La pregunta

El vídeo ¿quién eres? de Nuria Carrasco se desarrolla en una de las fronteras más literales y a la vez metafóricas de la vida humana: el umbral del hogar. Aquí, como si fuera desde la interioridad hacia el mundo, sorteando el espacio invisiblemente sólido dibujado por una puerta que se abre, salta la madre de todas las preguntas: ¿quién eres?.

No habrá respuesta. En este teatro de los malos modales, las convenciones del intercambio personal se violan, un poco como en el psicoanálisis: uno habla, el otro no, y por esta ruptura de la reciprocidad irrumpen verdades. La pregunta se dirige a un interlocutor desdoblado: en el mundo real, a la artista, estóicamente aferrada trás su cámara a la regla del juego que (se) ha impuesto, la de un mutismo grosero, atroz; en el mundo paralelo del arte, la pregunta se dirige al espectador, que asume el lugar de Carrasco y no puede contestar aunque quisiera.

La pregunta rebota entonces de vuelta a los preguntadores. Son ellos los que acaban soltando pequeñas esencias de identidad frente a lo inexplicable, atrapados en el batiente entre la seguridad y el misterio – inofensivo pero profundamente agresivo – que les confronta. Se identifican en mezclas sutiles de curiosidad, paranoia, vanidad, docilidad o muy natural enfado. Hay quién demuestra una cortesía a prueba de bomba, como en la última escena, desgarradora, de un vídeo auténticamente investigativo, cuyo drama psicológico se compensa con la anti-narrativa de una estructura repetitiva, potenciada por limitaciones sugestivas, características del neo-minimalismo más lúdico.

Pero esta obra no se agota en la radicalidad de la transgresión, portadora en sí misma de angustioso placer. A la desnudez del no-diálogo y sus consecuencias, se añade una comedia más merecidamente cruel, propiciada por las peculiaridades de nuestra cultura camarófila. Ya que cada lente intrusa hoy puede ser el presagio de la fama instantánea, democrática, algunos posan complacidos, sin averiguar más, con la confianza de que el destino ha venido por fin a tocarles el timbre.

Experiencia existencial, sátira social. Los dos elementos, tan aparentemente dispares, se funden en la constatación de cierta parálisis de las relaciones humanas dentro de una sociedad mediatizada, donde la tele se entiende y se acoge mucho mejor que a las personas. A la pregunta eterna que nos constituye en cuanto sujetos, tanto en el diálogo interior como en el exterior: ¿quién eres?, uno de los personajes encuentra la respuesta por sí solo. Tranquiliza a un familiar dentro de la casa: “¡Es una cámara!”

Lorna Scott Fox

Fragmento 03:00 minutos